| Title: Suficiente para sufrir- Nick & Tu
Posted: 1 de febrero de 2011 @ 20:42 |
Otra tarde calurosa en Los Ángeles y mi corbata era algo que quería ignorar pero simplemente no podía. La aflojé tan sólo un poco y seguía siendo una incomodidad.
Mientras caminaba por las veredas de un parque, iba tarareando la nueva canción que tenía en mente.
A los de la disquera les encantará. Pensaba e imaginaba la cara de orgulloso que pondría mi padre, como siempre.
A lo lejos divisé una chica sentada en un banco del parque. Estaba hecha una bolita con sus brazos abrazando sus rodillas. ¿Lloraba? ¿Se escondía de alguien? ¿Reía? ¿Estaba inconsciente? ¿Tenía frío?
Frío, ¡si, claro! Qué tonto.
Cuando estuve a pocos metros, pude escuchar sus pequeños sollozos. ¡Estaba llorando! Y una de las cosas que no podía tolerar era ver una mujer llorando enfrente de mis ojos y no hacer nada para consolarla.
Cuando pasé por enfrente de ella apreté mi mandíbula con fuerza, quería parar pero tenía mucha prisa, como todos los viernes. Mi instinto masculino me incitaba a tirar los papeles que llevaba en manos junto con mi bolso que colgaba de mi hombro y correr a abrazarla. Avancé tres pasos más y me resigné a su llanto, retrocedí y me senté a su lado. Llevaba puesto lo que parecía ser un uniforme escolar: una pollera gris, un sweater azul, calcetines negros bajos y zapatos negros. Su pelo era largo… muy largo y de un hermoso color chocolate. Su flequillo estaba sostenido por encima de su frente con tan sólo una pequeña hebilla. Era… era natural. Y su cara… ¡Rayos! ella no dejaba que la viera, estaba sumergida entre sus rodillas y brazos. A su lado había una mochila negra, la que extrañamente tenía mis iniciales en su frente.
Gran coincidencia, pensé.
Me acerqué a su cara que estaba escondida entre sus rodillas y una ola de un hermoso aroma invadió mis fosas nasales. Cerré mis ojos por unos segundos. Qué bien que olía. Me acerqué a su oído y luego suspiré. ¡Demonios! Mi debilidad eran las lágrimas de las mujeres.
-Hola –dije dulcemente pero ella no me dejó ver su rostro, seguía escondiéndolo en lágrimas entre sus rodillas. Ni siquiera se movió. Sólo supe que había dejado de llorar, aunque sus hombros le seguían temblando- Perdona mi atrevimiento, pero me gustaría saber que es lo que tienes, ¿necesitas ayuda?
Ella no contestó. ¿Acaso me estaba ignorando? Ni siquiera levantó su cabeza ni tampoco hizo señas de que estaba bien. En ese momento me di cuenta de cuán desagradecida puede ser la gente a veces.
-¿Te encuentras bien? –volví a preguntar.
-Si. –susurró tan bajo que apenas la pude escuchar. Si hubiera estado distraído seguramente no la hubiera escuchado.
-Pues… no parece –sonreí apenas, al fin y al cabo ella seguía sin mirarme- ¿Quieres contarme que te sucede? Quizás desahogándote puedas calmarte. Se que no me conoces, pero confía en mí. Soy un hombre al cual no le gusta ver a una mujer llorar, y créeme que tu me has roto el corazón –reí- ¿Quieres hacerlo? –ella asintió lentamente. Aún seguía con su cabeza a gachas y eso me apenaba.
-Me enamoré… -dijo entre pequeños sollozos.
-¿Y eso te provoca tanto llanto? enamorarse es algo hermoso que muchas veces…
-…de alguien que no se cómo es –finalizó. Al parecer yo la había interrumpido. Llorar y hablar definitivamente no era fácil.
-¿Qué quieres decir con eso? –pregunté extrañado.
-Sólo escucho sus canciones, lo veo en la televisión y en mi carpeta está su nombre –respondió un poco más calmada, pero seguía inundada de sollozos, lo cual me ponía mal.
-¿Qué edad tienes, pequeña? –pregunté acariciándole el pelo. Era tal como lo imaginaba desde que lo estaba viendo: suave y sedoso.
-Tengo 15 años y con eso es suficiente para sufrir así.
-¿Y quién es el tonto del cual tú te has enamorado y no le corresponde al amor de una hermosa y delicada chica como tú?
-Su nombre es… Nicholas Jonas. Es el chico más hermoso por dentro y por fuera; y más perfecto que existe en este mundo y me duele no poder tenerlo.
Entonces yo reí. ¿Yo tan tranquilo por la vida y esta hermosa chica sufriendo por mí? Fue raro, pero me enterneció.
-¿Enserio lo quieres tanto? Te aseguro que no es cómo piensas, no es como tú dices: perfecto. No creo que quieras tener el resto de tu vida a un hombre como él tan… ¿imperfecto? –decía yo mientras le acariciaba el pelo. Había logrado calmarla un poco y eso me hacía sentir bien- Alguien que ordena sus calcetines por color, alguien que se levanta de tan mal humor por las mañanas que ni su madre lo soporta. Alguien que hace competencia de eructos junto a sus hermanos. Alguien aburrido y aguafiestas como lo es él. Un hombre que colecciona tarjetas de béisbol, eso es tan… patético –reí-. Alguien cuyo pasatiempo favorito es leer… aburrido, ¿no lo crees? Un hombre que grita como niña al ver una araña, uno que ríe como tonto cuando le tocan los pies, un hombre que tiene una obsesión con el orden de su placard. Alguien que tartamudea al hablarle directamente a los ojos a una chica si le gusta –entonces comencé a sonreír. Era tan fácil notar mis defectos. Y ella que pensaba que yo era perfecto, ¡si, cómo no!- Es tan aburrido que no tiene citas seguido. Tiene miles de chicas a sus pies pero te aseguro que las aburriría si saldrían en una cita. Es patético, tonto, tan perfeccionista que se vuelve muy decadente como para alguien de 18 años… es tan…
-¡Ya, detente! –gritó entre sus rodillas- ¿Por qué no vas tú y te miras en un espejo? Él puede ser aburrido, patético, tonto, pero es lo mejor que me ha pasado en la vida. Lo amo y a la vez lo odio, porque me hace amarlo tanto qué se vuelve peligroso. Me estoy dejando arruinar por él. No puedo mirar a otro chico que no sea él… -suspiró enojada- soy tan cursi –susurró.
-¿Cómo te puedes enamorar de alguien como él? Mira… yo conozco bien a ese hombre y no conviene sufrir así. Te he dicho que es muy aburrido.
-Eso no importa. Él tiene un gran corazón y yo estaría dispuesta a pasar el resto de mi vida aburrida con él si tendría la oportunidad. Soportaría sus altos y bajos, sus cambios repentinos de humor. Lo observaría ordenar sus placard tome el tiempo que tome. Mataría a esa araña que lo hizo gritar. Le conseguiría miles de tarjetas de béisbol sólo para verlo contemplarlas. Lo observaría leyendo por horas. Escucharía sus eructos y votaría siempre por él. Lo apoyaría en todo, le daría el tiempo que necesita para estar sólo. Y lo más importante: estaría para él cuando me necesite.
-Eres muy tierna, pero él no merece alguien como tú. Es demasiado aburrido.
-¡Ya, basta! –gritó y apartó mi mano que seguía acariciando su cabello. Intentó mirarme pero de seguro las lágrimas le opacaban la vista. Luego comenzó a secarse los ojos bruscamente. Estaba muy molesta- No soportaré que sigas criticándolo –terminó de secar sus lágrimas y se paró de un salto. Tomó su mochila y…
-Oh, por todos los Cielos. –Susurró mientras se llevaba la mano a la boca. Por fin fui digno de observar su cara. Era muy hermosa. Ojos tan intensos que me perdí en ellos cuando la miré, una nariz pequeña seguida de unos labios de un rosa fuerte. Sus mejillas estaban algo rojas junto con sus ojos de tanto llorar. Y su piel… se la veía tan suave- Eres tú. –Dijo y comenzó a llorar de nuevo.
-No, no, no, no, no llores –corrí hasta ella y la abracé. Se veía tan frágil que pensé dos veces antes de abrazarla, era como que si yo la fuera a lastimar. De hecho… lo hacía y yo no lo sabía- Por favor, detente. –supliqué. ¡Enserio me hacía mal ver a una mujer llorar como lo hacía ella!
-Eres tú… -susurró mientras sus manos seguían en su boca, apretándolas contra ésta a causa de la presión que yo hacía en ese abrazo. Ese abrazo que me hizo sentir como en casa, inclusive cuando estaba de “vacaciones” fuera de mi cuidad- Nicholas. –susurró con el poco aliento que tenía.
-Si, soy yo –entonces besé su cabello cerrando mis ojos mientras ella me abrazaba por la cadera.
Estuvimos varios minutos así, hasta que nos separamos. Aunque debo admitir que hubiera sido capaz de quedarme así más que eso. Tomé su rostro y sequé las lágrimas restantes. Al finalizar, le sonreí y ella me devolvió el gesto. Sus dientes, ¡por Dios! eran una perfecta línea blanca. Sí que era hermosa.
-No me has dicho tu nombre –le recordé.
-Me llamo _____, Nick.
-Que lindo nombre –sonreí.
-Gracias –respondió sonrojándose.
-¿Quieres… caminar? –pregunté masajeando mi nuca.
Oh, oh. Aquí vamos de nuevo, Señor “Me pongo nervioso cuando una chica me gusta”.
-Claro –contestó ella siendo contagiada por mi nerviosismo. Entonces tomó su mochila y comenzó a caminar a la par mía- ¿Así que gritas como niña con las arañas? –ella comenzó a reír. Y que linda que era cuando lo hacía. La hilera de blancos dientes comenzaba a distraerme mucho.
-Algo así –reí y cuidadosamente pasé mi brazo por alrededor de su cuello, ella me miró seria con su boca entreabierta- Si te incomodo puedes decirlo –dije mirando hacia el frente-
-¿Cómo puede incomodarme el chico con el que todas las noches sueño? –susurró.
-Buen punto –ambos reímos.
Desde esa vez, nos vimos casi todos los días. La invité a cenar, a ver películas y a caminar. Me sentía muy bien a su lado. Evitamos todo tipo de conversación en la que se incluyera hablar de todo lo dicho cuando nos conocimos. Aunque debía estar ciega si no veía el modo en que me quedaba helado mirando sus labios, deseando poder tocarlos y no precisamente con las manos.
Pasaron meses de completa diversión junto a ella. ¡Qué tonto me veía cuando volvía al pasado! ¿Coleccionar tarjetas de béisbol? ¡Qué aburrido! ¡Nada se comparaba con estar con ella!
-¿Has terminado? Quiero mostrarte algo. –Dije al ver cómo se limpiaba la boca tras ingerir el último bocado de postre de aquel restaurante.
-Si –contestó sonriendo. Esa sonrisa que amaba cada día más.
-Entonces… vamos –me levanté de mi silla y luego la ayude a pararse. Le ofrecí mi brazo, ella lo tomó y luego de pagar la cuenta salimos del edificio. Ahí estaban, los periodistas obstruyéndonos el camino.
-Nick, ¿es tu nueva novia? –preguntó uno.
-Nick, cuéntanos, ¿están saliendo?
-Nick, ¿quién es la chica?
¡"Nick", "Nick", "Nick"! Dios, era demasiado irritante.
Pasé mi brazo por encima de la cabeza de _____, evitando que las cámaras la golpearan. Era imposible, no podíamos avanzar.
-Nick ¿qué piensas de la chica? –preguntó un paparazzo.
Entonces paré en seco y tomé fuertemente la mano de _____. Ella me miró expectante.
-¿Saben que es lo que pienso? –pregunté estresado- Esto es lo que pienso de esta chica…
Fue ahí cuando inmediatamente tomé la cara de _____ y la besé. El mundo calló, sólo éramos ella y yo. Aunque fue un mal momento para darle nuestro primer beso… no estuvo tan mal. La besé lentamente y con delicadeza. Ella sólo se dejaba llevar.
-Te quiero –dije pegado a sus labios- Y quiero que seas mi…
-Nick… -comenzó ella.
-_____, por favor. –supliqué. Enserio la necesitaba.
-Nick, creo que no es el momento indicado para hablar de esto. –miró hacia sus costados.
-Tienes razón –sonreí- vámonos. –la tomé de la mano muy decidido y me abrí paso entre la gente que murmuraba y gritaba cosas sin cesar. Fuimos al estacionamiento privado dónde estaba mi camioneta y nos subimos- ¿Y? –pregunté cuando tomé el volante. La miré y ella hizo lo mismo.
-¿“Y” qué? –rió.
-¿Quieres… tú quisieras… ya sabes… ser… ser mi…? ¡Demonios, _____! ¡Me pones muy nervioso! –ella rió fuerte y luego me miró dulcemente.
-¡Ya, dilo! Este es un momento soñado y quiero escucharlo de tu boca.
-Bien, pero primero… -dije mientras, con un par de maniobras, la tomaba de la cintura y la colocaba sobre mí para así tomarla de la cara y mirarla fijamente a los ojos- _____ _____, ¿aceptarías si te preguntara si querrías ser mi novia? ¿Aceptarías soportarme en las altas y bajas, en mis cambios de humor? ¿Aceptarías matar a toda aquella araña que me haga gritar como niña? –ella rió- ¿Aceptarías pasar horas escuchándome leerte uno de mis libros favoritos? ¿Aceptarías aburrirte cada segundo de lo que dure esta relación?
-Aceptaría con mucho gusto. Me encantaría aburrirme contigo. –ambos reímos y luego la besé, retomando ese dulce sabor de minutos antes. Ella colocó sus manos alrededor de mi cuello y jugó con mis rulos- Amo tus rulos –me susurró cuando nos separamos.
-Y yo amo todo de ti –sonreí y le besé la punta de la nariz.
-Y yo… yo estoy enamorada de ti –miró mis labios y yo los suyos. Sin más que decir, nos volvimos a besar. Comenzaba a ser adictiva, era un hecho. Y ahí supe que lo que teníamos era algo hermoso y no dejaría que se vaya tan pronto. Me sentía en el mismísimo Cielo a su lado. Pero luego recordé una cosa: cada rosa tiene su espina. Entonces le hice una pregunta que la desconcentró un poco:
-¿Si tuvieras que sufrir por amor, lo harías? –le pregunté con poco aliento. Ella, acariciando mi rostro, luego mi cuello y volviendo a mis mejillas; me miró dulcemente; por un momento creí que me contestaría, pero solamente bajó su cabeza y comenzó a besar mi cuello, más bien… mis lunares. Sabía a la perfección en qué lugar se encontraban.
-Tus lunares me vuelven loca, ¿te lo he dicho?
-No –sonreí y la pegué más a mi cuerpo acariciando su cintura- no me lo has dicho. Ahora contéstame, ¿si tuvieras que sufrir por amor, lo harías? –ella levantó su cabeza y me miró con media sonrisa en el rostro.
-Oh, vamos, cariño. Tengo 15 años… –me dio un beso fugaz en los labios. Me estaba volviendo loco.- …y es suficiente para sufrir –sonrió.
Catorce años después.
-¡Deja de gritar! Gracias a Dios Marie no es sorda –exclamó Nicholas desde la cocina.
-¡Lo dejaría de hacer si movieras tu trasero de la cocina e irías a buscar a tu hija que corre desnuda como una maniática por todo el patio de la casa! –Gritó frustrada _____.
-¡Bien! ¡Eso haré! -Entonces Nick se levantó de la mesa de desayuno y salió por las grandes puertas de la cocina que daban hacia patio- ¡Marie, ven aquí! ¡Soy papá! –Marie corrió a los brazos de su padre quién la alzó- A ver… ¿qué es eso de andar desnuda, señorita? –Le decía Nick a su hija de apenas tres años y medio mientras ambos volvían a la cocina- Marie, tienes que… -y luego calló al encontrar a _____ llorando.
Estaba apoyada contra la mesa de la cocina y tapaba su boca con sus manos tratando de ahogar sus sollozos. Él se acercó a ella y sentó a su hija de la mesa
-¿Qué sucede, amor? – preguntó Nick. _____ sólo se secaba las lágrimas y fingía reponerse “mágicamente”.
-Nada – respondió e intentó sonreír, pero no pudo- ven, Marie, vamos a bañarte –la pequeña extendió sus cortos bracitos y _____ la sostuvo en los brazos.
-¡Espera! –Nick la tomó del codo deteniéndola.
-Suéltame, Nicholas.
A Nick le sorprendió su reacción más que haberla visto llorando. Hace días lloraba y Nick no sabía la razón. Insistía en que le contara pero ella se negaba rotundamente. ¿Acaso algo andaba tan mal como parecía?
_____ se dirigió al baño lista para bañar a su hija.
-Mami, ¿por qué lloras? –preguntó inocentemente su hija, lo cual la hizo romper en llanto silencioso de nuevo.
-Por nada, Marie. Son cosas de grandes, -decía ella mientras colocaba shampoo en la cabeza de la pequeña, quien se tapaba sus ojitos con las manos- algún día entenderás, mi amor.
-¿Cuándo? –preguntó curiosa.
-Cuando seas como tu padre y yo.
_____ siguió bañando a su pequeña hija y cuando terminó, la envolvió en una toalla. Al darse vuelta dio un pequeño salto que le causó escalofríos. Nick estaba apoyado en el umbral de la puerta con los brazos cruzados, observándolas.
-Nicholas… -musitó _____- me asustaste.
-¿Desde cuando lo hago? –preguntó él, ella permaneció callada- Tenemos que hablar –dijo Nick con voz ronca. Ella sólo lo miró para luego esquivarlo y dirigirse al cuarto de Marie. Pero Nick la tomó del brazo.
-Suéltame –pero esta vez él no le hizo caso- Debo cambiarla –miró a su hija que tenía sus manos en su boca con algunos mechones de pelo mojados sobre el rostro.
-Marie, -dijo Nick y la tomó en brazos- ve a tu cuarto y comienza a cambiarte como te hemos enseñado ¿si? iremos en unos minutos –la pequeña asintió, su padre la dejo en el suelo y tras una palmadita en su cola, se echó a correr.
-Nick, aún no sabe cambiarse sola –dijo _____ mientras miraba por encima del hombro de su esposo y veía como su hija de alejaba teniendo de su toalla.
-Claro que sabe. –Afirmó él y acorraló a _____ entre él y la pared. No, no era una de sus tantas tácticas de seducción, claro que no. Sólo se estaba asegurando de que no escapara como siempre lo hacía- _____, ¿qué sucede?
-Nick… -él la interrumpió.
-Ni se te ocurra contesta “nada”, porque juro que no lo toleraré, ya no más. –dijo mirándola fijamente a los ojos. Ella bufó.
-Marie se puede golpear o lastimar.
-No lo creo. Ella es idéntica a una chica que conocí hace catorce años atrás: fuerte, decidida y no deja que nadie la tumbe. Lamentablemente no se dónde ha quedado esa chica. Esa mujer que convirtió mis aburridos días en los más divertidos que jamás pude haber tenido. Le debo la vida y aún no se de que forma pagarle por todo lo que ha hecho por mi. Quisiera reconquistarla pero desafortunadamente no se en qué momento la perdí ni dónde.
-Está frente tus ojos –dijo _____ a punto de llorar.
-No, claro que no. Tú sólo sabes llorar y esconderte de todos. No te diviertes y sin ti yo tampoco puedo hacerlo.
-Nick… -ella comenzó a llorar.
-¡Ya deja de llorar y disfrutemos la vida! Tenemos una hermosa hija de casi cuatro años que le dio más sentido aún a nuestra vida y tú… ¿lloras? ¡No es posible! Soy el hombre más feliz del mundo al lado de Marie y a tu lado. Cuando las veo a ambas sólo quiero sonreír y tu… ¿llorar? ¡Dime que es lo que no funciona! Dime y lo arreglaremos, te lo prometo, amor. –decía él en un tono alto, provocando que _____ sólo quisiera llorar aún más- te amo, las amo a ambas, -él la tomó del cuello- no se que haría sin ustedes. ¡Dime que está pasando, por favor! –gritó.
-¡Fui diagnosticada de anemia!
Para Nick, el mundo había dejado de girar.
-¿Qué? –susurró él en completo estado de shock. Bajó sus manos del cuello de _____ y la miró desconcentrado.
-Me hice un chequeo trimestral y me la diagnosticaron la semana pasada –decía ella mientras lloraba fuertemente, Nick sólo la miraba desconcentrado.
Ambos quedaron en silencio por unos largos segundos.
-¿Por qué no me lo habías dicho? –preguntó Nick con ojos llorosos.
-No lo se… -contestó ella llorando.
-¿Cómo que no sabes? ¡Debiste habérmelo dicho en el preciso momento en el que te entregaron esos malditos resultados! –gritaba el sacado de sí, mientras jalaba su pelo con fuerza. En un momento quedó frente a la pared y golpeó a esta con su puño fuertemente cerrado.
-Nick. –trató de calmarlo.
-¡_____, esto no puede estar pasando! –gritó de nuevo mientras hacía gestos con sus manos- ¡¿Por qué no me lo dijiste, por qué?!
-Nicholas, en este momento sólo necesito saber que vas a estar para mí. –dijo ella en tono bajo, él no la pudo escuchar.
-¡Sólo tenías que decirlo! ¡Sabes que estaré para ti en lo que sea!
-¡Deja de reclamarme lo que hice mal! ¡Necesito tu apoyo! ¡Te necesito y tú sólo sabes gritarme! –exclamó ella.
Él la miró y comprendió que debía hacer a un lado los errores y ayudarla.
-Perdón –susurró él y la abrazó por el cuello- Perdóname. Estaré para ti, claro que lo haré, Marie y yo te ayudaremos y te cuidaremos. Sólo confía en que todo saldrá bien., ¿si? –ella asintió- te amo –la tomó de la cara- todo va a estar bien
Y besó su frente, prometiéndole que todo saldría bien, él lo sabía, lo sentía. Segundo después Marie apareció por el mismo pasillo por dónde se había ido. Sus braguitas estaban bien puestas pero tenía problemas con su remera. Su brazo estaba en el hueco por dónde la cabeza debería ir y su otra mano estaba trabada bajo la remera. Al verla, ambos rieron.
-Mami, ¿me ayudas? –_____ sonrió con ternura y se agachó a su altura.
-Tus braguitas están muy bien puestas, buen trabajo Marie –ambas sonrieron y _____ alzó a su hija en brazos. Al darse vuelta, Nick las miraba enternecido por la imagen que veían sus ojos.
-¿Qué? –preguntó _____ sonriendo.
-Las amo. –dijo él y se acercó. Tomó la nuca de su mujer y con la otra mano la de su hija- Las amo con todo mi ser. Siempre las voy a proteger, las voy a defender y siempre pondré su vida delante de la mía. ¡Las amo! –las miró a ambas- Te amo, pequeña –le besó la frente e hizo presión en ésta por unos largos segundos- Te amo –miró a su esposa y la besó.
-Te amo, papi. –dijo Marie.
-Yo más, pequeña –contestó y la tomó en brazos, la alzó a lo alto y luego la dio vueltas. Su risa era como el coro de pequeños angelitos. Cuando él se detuvo, _____ se acercó.
-Te amo, Nicholas –sonrió.
-Marie, ¡pide un deseo! –dijo entusiasmada su madre, quién la acercaba a su gran pastel de chocolate. El resto de los invitados le cantaban el Feliz Cumpleaños.
La pequeña quedó pensando un momento y luego sopló con fuerza la vela en forma de cuatro.
-¿Y bien? ¿Qué has pedido? –preguntó Nicholas.
-Pedí que mami no sufra más y se cure de esta enfermedad.
A _____ y a Nicholas se le erizaron los vellos de la piel.
-¡Oh, pequeña! –exclamó _____ y la abrazó.
-Te quiero, mami –y _____ recibió un pequeño beso en su mejilla de parte de su hija. Ella estaba a punto de llorar, Nicholas, Marie y todos en ese lugar lo sabían- No llores, no quiero verte triste.
-Descuida –sonrió y miró a Nicholas quien estaba enfrente si miraba detrás del cuerpito de Marie- Tengo veintinueve años… -_____ tomó la mano de Nick y lo acercó a ellas- y es más que suficiente para sufrir –sonrió.
Mientras caminaba por las veredas de un parque, iba tarareando la nueva canción que tenía en mente.
A los de la disquera les encantará. Pensaba e imaginaba la cara de orgulloso que pondría mi padre, como siempre.
A lo lejos divisé una chica sentada en un banco del parque. Estaba hecha una bolita con sus brazos abrazando sus rodillas. ¿Lloraba? ¿Se escondía de alguien? ¿Reía? ¿Estaba inconsciente? ¿Tenía frío?
Frío, ¡si, claro! Qué tonto.
Cuando estuve a pocos metros, pude escuchar sus pequeños sollozos. ¡Estaba llorando! Y una de las cosas que no podía tolerar era ver una mujer llorando enfrente de mis ojos y no hacer nada para consolarla.
Cuando pasé por enfrente de ella apreté mi mandíbula con fuerza, quería parar pero tenía mucha prisa, como todos los viernes. Mi instinto masculino me incitaba a tirar los papeles que llevaba en manos junto con mi bolso que colgaba de mi hombro y correr a abrazarla. Avancé tres pasos más y me resigné a su llanto, retrocedí y me senté a su lado. Llevaba puesto lo que parecía ser un uniforme escolar: una pollera gris, un sweater azul, calcetines negros bajos y zapatos negros. Su pelo era largo… muy largo y de un hermoso color chocolate. Su flequillo estaba sostenido por encima de su frente con tan sólo una pequeña hebilla. Era… era natural. Y su cara… ¡Rayos! ella no dejaba que la viera, estaba sumergida entre sus rodillas y brazos. A su lado había una mochila negra, la que extrañamente tenía mis iniciales en su frente.
Gran coincidencia, pensé.
Me acerqué a su cara que estaba escondida entre sus rodillas y una ola de un hermoso aroma invadió mis fosas nasales. Cerré mis ojos por unos segundos. Qué bien que olía. Me acerqué a su oído y luego suspiré. ¡Demonios! Mi debilidad eran las lágrimas de las mujeres.
-Hola –dije dulcemente pero ella no me dejó ver su rostro, seguía escondiéndolo en lágrimas entre sus rodillas. Ni siquiera se movió. Sólo supe que había dejado de llorar, aunque sus hombros le seguían temblando- Perdona mi atrevimiento, pero me gustaría saber que es lo que tienes, ¿necesitas ayuda?
Ella no contestó. ¿Acaso me estaba ignorando? Ni siquiera levantó su cabeza ni tampoco hizo señas de que estaba bien. En ese momento me di cuenta de cuán desagradecida puede ser la gente a veces.
-¿Te encuentras bien? –volví a preguntar.
-Si. –susurró tan bajo que apenas la pude escuchar. Si hubiera estado distraído seguramente no la hubiera escuchado.
-Pues… no parece –sonreí apenas, al fin y al cabo ella seguía sin mirarme- ¿Quieres contarme que te sucede? Quizás desahogándote puedas calmarte. Se que no me conoces, pero confía en mí. Soy un hombre al cual no le gusta ver a una mujer llorar, y créeme que tu me has roto el corazón –reí- ¿Quieres hacerlo? –ella asintió lentamente. Aún seguía con su cabeza a gachas y eso me apenaba.
-Me enamoré… -dijo entre pequeños sollozos.
-¿Y eso te provoca tanto llanto? enamorarse es algo hermoso que muchas veces…
-…de alguien que no se cómo es –finalizó. Al parecer yo la había interrumpido. Llorar y hablar definitivamente no era fácil.
-¿Qué quieres decir con eso? –pregunté extrañado.
-Sólo escucho sus canciones, lo veo en la televisión y en mi carpeta está su nombre –respondió un poco más calmada, pero seguía inundada de sollozos, lo cual me ponía mal.
-¿Qué edad tienes, pequeña? –pregunté acariciándole el pelo. Era tal como lo imaginaba desde que lo estaba viendo: suave y sedoso.
-Tengo 15 años y con eso es suficiente para sufrir así.
-¿Y quién es el tonto del cual tú te has enamorado y no le corresponde al amor de una hermosa y delicada chica como tú?
-Su nombre es… Nicholas Jonas. Es el chico más hermoso por dentro y por fuera; y más perfecto que existe en este mundo y me duele no poder tenerlo.
Entonces yo reí. ¿Yo tan tranquilo por la vida y esta hermosa chica sufriendo por mí? Fue raro, pero me enterneció.
-¿Enserio lo quieres tanto? Te aseguro que no es cómo piensas, no es como tú dices: perfecto. No creo que quieras tener el resto de tu vida a un hombre como él tan… ¿imperfecto? –decía yo mientras le acariciaba el pelo. Había logrado calmarla un poco y eso me hacía sentir bien- Alguien que ordena sus calcetines por color, alguien que se levanta de tan mal humor por las mañanas que ni su madre lo soporta. Alguien que hace competencia de eructos junto a sus hermanos. Alguien aburrido y aguafiestas como lo es él. Un hombre que colecciona tarjetas de béisbol, eso es tan… patético –reí-. Alguien cuyo pasatiempo favorito es leer… aburrido, ¿no lo crees? Un hombre que grita como niña al ver una araña, uno que ríe como tonto cuando le tocan los pies, un hombre que tiene una obsesión con el orden de su placard. Alguien que tartamudea al hablarle directamente a los ojos a una chica si le gusta –entonces comencé a sonreír. Era tan fácil notar mis defectos. Y ella que pensaba que yo era perfecto, ¡si, cómo no!- Es tan aburrido que no tiene citas seguido. Tiene miles de chicas a sus pies pero te aseguro que las aburriría si saldrían en una cita. Es patético, tonto, tan perfeccionista que se vuelve muy decadente como para alguien de 18 años… es tan…
-¡Ya, detente! –gritó entre sus rodillas- ¿Por qué no vas tú y te miras en un espejo? Él puede ser aburrido, patético, tonto, pero es lo mejor que me ha pasado en la vida. Lo amo y a la vez lo odio, porque me hace amarlo tanto qué se vuelve peligroso. Me estoy dejando arruinar por él. No puedo mirar a otro chico que no sea él… -suspiró enojada- soy tan cursi –susurró.
-¿Cómo te puedes enamorar de alguien como él? Mira… yo conozco bien a ese hombre y no conviene sufrir así. Te he dicho que es muy aburrido.
-Eso no importa. Él tiene un gran corazón y yo estaría dispuesta a pasar el resto de mi vida aburrida con él si tendría la oportunidad. Soportaría sus altos y bajos, sus cambios repentinos de humor. Lo observaría ordenar sus placard tome el tiempo que tome. Mataría a esa araña que lo hizo gritar. Le conseguiría miles de tarjetas de béisbol sólo para verlo contemplarlas. Lo observaría leyendo por horas. Escucharía sus eructos y votaría siempre por él. Lo apoyaría en todo, le daría el tiempo que necesita para estar sólo. Y lo más importante: estaría para él cuando me necesite.
-Eres muy tierna, pero él no merece alguien como tú. Es demasiado aburrido.
-¡Ya, basta! –gritó y apartó mi mano que seguía acariciando su cabello. Intentó mirarme pero de seguro las lágrimas le opacaban la vista. Luego comenzó a secarse los ojos bruscamente. Estaba muy molesta- No soportaré que sigas criticándolo –terminó de secar sus lágrimas y se paró de un salto. Tomó su mochila y…
-Oh, por todos los Cielos. –Susurró mientras se llevaba la mano a la boca. Por fin fui digno de observar su cara. Era muy hermosa. Ojos tan intensos que me perdí en ellos cuando la miré, una nariz pequeña seguida de unos labios de un rosa fuerte. Sus mejillas estaban algo rojas junto con sus ojos de tanto llorar. Y su piel… se la veía tan suave- Eres tú. –Dijo y comenzó a llorar de nuevo.
-No, no, no, no, no llores –corrí hasta ella y la abracé. Se veía tan frágil que pensé dos veces antes de abrazarla, era como que si yo la fuera a lastimar. De hecho… lo hacía y yo no lo sabía- Por favor, detente. –supliqué. ¡Enserio me hacía mal ver a una mujer llorar como lo hacía ella!
-Eres tú… -susurró mientras sus manos seguían en su boca, apretándolas contra ésta a causa de la presión que yo hacía en ese abrazo. Ese abrazo que me hizo sentir como en casa, inclusive cuando estaba de “vacaciones” fuera de mi cuidad- Nicholas. –susurró con el poco aliento que tenía.
-Si, soy yo –entonces besé su cabello cerrando mis ojos mientras ella me abrazaba por la cadera.
Estuvimos varios minutos así, hasta que nos separamos. Aunque debo admitir que hubiera sido capaz de quedarme así más que eso. Tomé su rostro y sequé las lágrimas restantes. Al finalizar, le sonreí y ella me devolvió el gesto. Sus dientes, ¡por Dios! eran una perfecta línea blanca. Sí que era hermosa.
-No me has dicho tu nombre –le recordé.
-Me llamo _____, Nick.
-Que lindo nombre –sonreí.
-Gracias –respondió sonrojándose.
-¿Quieres… caminar? –pregunté masajeando mi nuca.
Oh, oh. Aquí vamos de nuevo, Señor “Me pongo nervioso cuando una chica me gusta”.
-Claro –contestó ella siendo contagiada por mi nerviosismo. Entonces tomó su mochila y comenzó a caminar a la par mía- ¿Así que gritas como niña con las arañas? –ella comenzó a reír. Y que linda que era cuando lo hacía. La hilera de blancos dientes comenzaba a distraerme mucho.
-Algo así –reí y cuidadosamente pasé mi brazo por alrededor de su cuello, ella me miró seria con su boca entreabierta- Si te incomodo puedes decirlo –dije mirando hacia el frente-
-¿Cómo puede incomodarme el chico con el que todas las noches sueño? –susurró.
-Buen punto –ambos reímos.
Desde esa vez, nos vimos casi todos los días. La invité a cenar, a ver películas y a caminar. Me sentía muy bien a su lado. Evitamos todo tipo de conversación en la que se incluyera hablar de todo lo dicho cuando nos conocimos. Aunque debía estar ciega si no veía el modo en que me quedaba helado mirando sus labios, deseando poder tocarlos y no precisamente con las manos.
Pasaron meses de completa diversión junto a ella. ¡Qué tonto me veía cuando volvía al pasado! ¿Coleccionar tarjetas de béisbol? ¡Qué aburrido! ¡Nada se comparaba con estar con ella!
-¿Has terminado? Quiero mostrarte algo. –Dije al ver cómo se limpiaba la boca tras ingerir el último bocado de postre de aquel restaurante.
-Si –contestó sonriendo. Esa sonrisa que amaba cada día más.
-Entonces… vamos –me levanté de mi silla y luego la ayude a pararse. Le ofrecí mi brazo, ella lo tomó y luego de pagar la cuenta salimos del edificio. Ahí estaban, los periodistas obstruyéndonos el camino.
-Nick, ¿es tu nueva novia? –preguntó uno.
-Nick, cuéntanos, ¿están saliendo?
-Nick, ¿quién es la chica?
¡"Nick", "Nick", "Nick"! Dios, era demasiado irritante.
Pasé mi brazo por encima de la cabeza de _____, evitando que las cámaras la golpearan. Era imposible, no podíamos avanzar.
-Nick ¿qué piensas de la chica? –preguntó un paparazzo.
Entonces paré en seco y tomé fuertemente la mano de _____. Ella me miró expectante.
-¿Saben que es lo que pienso? –pregunté estresado- Esto es lo que pienso de esta chica…
Fue ahí cuando inmediatamente tomé la cara de _____ y la besé. El mundo calló, sólo éramos ella y yo. Aunque fue un mal momento para darle nuestro primer beso… no estuvo tan mal. La besé lentamente y con delicadeza. Ella sólo se dejaba llevar.
-Te quiero –dije pegado a sus labios- Y quiero que seas mi…
-Nick… -comenzó ella.
-_____, por favor. –supliqué. Enserio la necesitaba.
-Nick, creo que no es el momento indicado para hablar de esto. –miró hacia sus costados.
-Tienes razón –sonreí- vámonos. –la tomé de la mano muy decidido y me abrí paso entre la gente que murmuraba y gritaba cosas sin cesar. Fuimos al estacionamiento privado dónde estaba mi camioneta y nos subimos- ¿Y? –pregunté cuando tomé el volante. La miré y ella hizo lo mismo.
-¿“Y” qué? –rió.
-¿Quieres… tú quisieras… ya sabes… ser… ser mi…? ¡Demonios, _____! ¡Me pones muy nervioso! –ella rió fuerte y luego me miró dulcemente.
-¡Ya, dilo! Este es un momento soñado y quiero escucharlo de tu boca.
-Bien, pero primero… -dije mientras, con un par de maniobras, la tomaba de la cintura y la colocaba sobre mí para así tomarla de la cara y mirarla fijamente a los ojos- _____ _____, ¿aceptarías si te preguntara si querrías ser mi novia? ¿Aceptarías soportarme en las altas y bajas, en mis cambios de humor? ¿Aceptarías matar a toda aquella araña que me haga gritar como niña? –ella rió- ¿Aceptarías pasar horas escuchándome leerte uno de mis libros favoritos? ¿Aceptarías aburrirte cada segundo de lo que dure esta relación?
-Aceptaría con mucho gusto. Me encantaría aburrirme contigo. –ambos reímos y luego la besé, retomando ese dulce sabor de minutos antes. Ella colocó sus manos alrededor de mi cuello y jugó con mis rulos- Amo tus rulos –me susurró cuando nos separamos.
-Y yo amo todo de ti –sonreí y le besé la punta de la nariz.
-Y yo… yo estoy enamorada de ti –miró mis labios y yo los suyos. Sin más que decir, nos volvimos a besar. Comenzaba a ser adictiva, era un hecho. Y ahí supe que lo que teníamos era algo hermoso y no dejaría que se vaya tan pronto. Me sentía en el mismísimo Cielo a su lado. Pero luego recordé una cosa: cada rosa tiene su espina. Entonces le hice una pregunta que la desconcentró un poco:
-¿Si tuvieras que sufrir por amor, lo harías? –le pregunté con poco aliento. Ella, acariciando mi rostro, luego mi cuello y volviendo a mis mejillas; me miró dulcemente; por un momento creí que me contestaría, pero solamente bajó su cabeza y comenzó a besar mi cuello, más bien… mis lunares. Sabía a la perfección en qué lugar se encontraban.
-Tus lunares me vuelven loca, ¿te lo he dicho?
-No –sonreí y la pegué más a mi cuerpo acariciando su cintura- no me lo has dicho. Ahora contéstame, ¿si tuvieras que sufrir por amor, lo harías? –ella levantó su cabeza y me miró con media sonrisa en el rostro.
-Oh, vamos, cariño. Tengo 15 años… –me dio un beso fugaz en los labios. Me estaba volviendo loco.- …y es suficiente para sufrir –sonrió.
Catorce años después.
-¡Deja de gritar! Gracias a Dios Marie no es sorda –exclamó Nicholas desde la cocina.
-¡Lo dejaría de hacer si movieras tu trasero de la cocina e irías a buscar a tu hija que corre desnuda como una maniática por todo el patio de la casa! –Gritó frustrada _____.
-¡Bien! ¡Eso haré! -Entonces Nick se levantó de la mesa de desayuno y salió por las grandes puertas de la cocina que daban hacia patio- ¡Marie, ven aquí! ¡Soy papá! –Marie corrió a los brazos de su padre quién la alzó- A ver… ¿qué es eso de andar desnuda, señorita? –Le decía Nick a su hija de apenas tres años y medio mientras ambos volvían a la cocina- Marie, tienes que… -y luego calló al encontrar a _____ llorando.
Estaba apoyada contra la mesa de la cocina y tapaba su boca con sus manos tratando de ahogar sus sollozos. Él se acercó a ella y sentó a su hija de la mesa
-¿Qué sucede, amor? – preguntó Nick. _____ sólo se secaba las lágrimas y fingía reponerse “mágicamente”.
-Nada – respondió e intentó sonreír, pero no pudo- ven, Marie, vamos a bañarte –la pequeña extendió sus cortos bracitos y _____ la sostuvo en los brazos.
-¡Espera! –Nick la tomó del codo deteniéndola.
-Suéltame, Nicholas.
A Nick le sorprendió su reacción más que haberla visto llorando. Hace días lloraba y Nick no sabía la razón. Insistía en que le contara pero ella se negaba rotundamente. ¿Acaso algo andaba tan mal como parecía?
_____ se dirigió al baño lista para bañar a su hija.
-Mami, ¿por qué lloras? –preguntó inocentemente su hija, lo cual la hizo romper en llanto silencioso de nuevo.
-Por nada, Marie. Son cosas de grandes, -decía ella mientras colocaba shampoo en la cabeza de la pequeña, quien se tapaba sus ojitos con las manos- algún día entenderás, mi amor.
-¿Cuándo? –preguntó curiosa.
-Cuando seas como tu padre y yo.
_____ siguió bañando a su pequeña hija y cuando terminó, la envolvió en una toalla. Al darse vuelta dio un pequeño salto que le causó escalofríos. Nick estaba apoyado en el umbral de la puerta con los brazos cruzados, observándolas.
-Nicholas… -musitó _____- me asustaste.
-¿Desde cuando lo hago? –preguntó él, ella permaneció callada- Tenemos que hablar –dijo Nick con voz ronca. Ella sólo lo miró para luego esquivarlo y dirigirse al cuarto de Marie. Pero Nick la tomó del brazo.
-Suéltame –pero esta vez él no le hizo caso- Debo cambiarla –miró a su hija que tenía sus manos en su boca con algunos mechones de pelo mojados sobre el rostro.
-Marie, -dijo Nick y la tomó en brazos- ve a tu cuarto y comienza a cambiarte como te hemos enseñado ¿si? iremos en unos minutos –la pequeña asintió, su padre la dejo en el suelo y tras una palmadita en su cola, se echó a correr.
-Nick, aún no sabe cambiarse sola –dijo _____ mientras miraba por encima del hombro de su esposo y veía como su hija de alejaba teniendo de su toalla.
-Claro que sabe. –Afirmó él y acorraló a _____ entre él y la pared. No, no era una de sus tantas tácticas de seducción, claro que no. Sólo se estaba asegurando de que no escapara como siempre lo hacía- _____, ¿qué sucede?
-Nick… -él la interrumpió.
-Ni se te ocurra contesta “nada”, porque juro que no lo toleraré, ya no más. –dijo mirándola fijamente a los ojos. Ella bufó.
-Marie se puede golpear o lastimar.
-No lo creo. Ella es idéntica a una chica que conocí hace catorce años atrás: fuerte, decidida y no deja que nadie la tumbe. Lamentablemente no se dónde ha quedado esa chica. Esa mujer que convirtió mis aburridos días en los más divertidos que jamás pude haber tenido. Le debo la vida y aún no se de que forma pagarle por todo lo que ha hecho por mi. Quisiera reconquistarla pero desafortunadamente no se en qué momento la perdí ni dónde.
-Está frente tus ojos –dijo _____ a punto de llorar.
-No, claro que no. Tú sólo sabes llorar y esconderte de todos. No te diviertes y sin ti yo tampoco puedo hacerlo.
-Nick… -ella comenzó a llorar.
-¡Ya deja de llorar y disfrutemos la vida! Tenemos una hermosa hija de casi cuatro años que le dio más sentido aún a nuestra vida y tú… ¿lloras? ¡No es posible! Soy el hombre más feliz del mundo al lado de Marie y a tu lado. Cuando las veo a ambas sólo quiero sonreír y tu… ¿llorar? ¡Dime que es lo que no funciona! Dime y lo arreglaremos, te lo prometo, amor. –decía él en un tono alto, provocando que _____ sólo quisiera llorar aún más- te amo, las amo a ambas, -él la tomó del cuello- no se que haría sin ustedes. ¡Dime que está pasando, por favor! –gritó.
-¡Fui diagnosticada de anemia!
Para Nick, el mundo había dejado de girar.
-¿Qué? –susurró él en completo estado de shock. Bajó sus manos del cuello de _____ y la miró desconcentrado.
-Me hice un chequeo trimestral y me la diagnosticaron la semana pasada –decía ella mientras lloraba fuertemente, Nick sólo la miraba desconcentrado.
Ambos quedaron en silencio por unos largos segundos.
-¿Por qué no me lo habías dicho? –preguntó Nick con ojos llorosos.
-No lo se… -contestó ella llorando.
-¿Cómo que no sabes? ¡Debiste habérmelo dicho en el preciso momento en el que te entregaron esos malditos resultados! –gritaba el sacado de sí, mientras jalaba su pelo con fuerza. En un momento quedó frente a la pared y golpeó a esta con su puño fuertemente cerrado.
-Nick. –trató de calmarlo.
-¡_____, esto no puede estar pasando! –gritó de nuevo mientras hacía gestos con sus manos- ¡¿Por qué no me lo dijiste, por qué?!
-Nicholas, en este momento sólo necesito saber que vas a estar para mí. –dijo ella en tono bajo, él no la pudo escuchar.
-¡Sólo tenías que decirlo! ¡Sabes que estaré para ti en lo que sea!
-¡Deja de reclamarme lo que hice mal! ¡Necesito tu apoyo! ¡Te necesito y tú sólo sabes gritarme! –exclamó ella.
Él la miró y comprendió que debía hacer a un lado los errores y ayudarla.
-Perdón –susurró él y la abrazó por el cuello- Perdóname. Estaré para ti, claro que lo haré, Marie y yo te ayudaremos y te cuidaremos. Sólo confía en que todo saldrá bien., ¿si? –ella asintió- te amo –la tomó de la cara- todo va a estar bien
Y besó su frente, prometiéndole que todo saldría bien, él lo sabía, lo sentía. Segundo después Marie apareció por el mismo pasillo por dónde se había ido. Sus braguitas estaban bien puestas pero tenía problemas con su remera. Su brazo estaba en el hueco por dónde la cabeza debería ir y su otra mano estaba trabada bajo la remera. Al verla, ambos rieron.
-Mami, ¿me ayudas? –_____ sonrió con ternura y se agachó a su altura.
-Tus braguitas están muy bien puestas, buen trabajo Marie –ambas sonrieron y _____ alzó a su hija en brazos. Al darse vuelta, Nick las miraba enternecido por la imagen que veían sus ojos.
-¿Qué? –preguntó _____ sonriendo.
-Las amo. –dijo él y se acercó. Tomó la nuca de su mujer y con la otra mano la de su hija- Las amo con todo mi ser. Siempre las voy a proteger, las voy a defender y siempre pondré su vida delante de la mía. ¡Las amo! –las miró a ambas- Te amo, pequeña –le besó la frente e hizo presión en ésta por unos largos segundos- Te amo –miró a su esposa y la besó.
-Te amo, papi. –dijo Marie.
-Yo más, pequeña –contestó y la tomó en brazos, la alzó a lo alto y luego la dio vueltas. Su risa era como el coro de pequeños angelitos. Cuando él se detuvo, _____ se acercó.
-Te amo, Nicholas –sonrió.
-Marie, ¡pide un deseo! –dijo entusiasmada su madre, quién la acercaba a su gran pastel de chocolate. El resto de los invitados le cantaban el Feliz Cumpleaños.
La pequeña quedó pensando un momento y luego sopló con fuerza la vela en forma de cuatro.
-¿Y bien? ¿Qué has pedido? –preguntó Nicholas.
-Pedí que mami no sufra más y se cure de esta enfermedad.
A _____ y a Nicholas se le erizaron los vellos de la piel.
-¡Oh, pequeña! –exclamó _____ y la abrazó.
-Te quiero, mami –y _____ recibió un pequeño beso en su mejilla de parte de su hija. Ella estaba a punto de llorar, Nicholas, Marie y todos en ese lugar lo sabían- No llores, no quiero verte triste.
-Descuida –sonrió y miró a Nicholas quien estaba enfrente si miraba detrás del cuerpito de Marie- Tengo veintinueve años… -_____ tomó la mano de Nick y lo acercó a ellas- y es más que suficiente para sufrir –sonrió.
Fin
Hermosa historia.. Creo que apesar de todo ♥
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